13 abril 2009

A propósito de la condecoración post morten que hará el Parlacén a Juan Bosch

Por Juan Pablo Plácido
Vicepresidente Parlacén
República Dominicana
jp_placido@hotmail.com

En la medida que se aleja en el tiempo y en el espacio la partida física de Juan Bosch, su figura cobra tamaño de gigante entre los que fuimos sus iguales en el mundo terrenal, a causa de su paso multicolor por esta galaxia a la que vino para perfumar.

Juan Emilio Bosch y Gaviño empezó a ser conocido por sus trabajos literarios, primero sus cuentos, más adelante sus novelas criollas, para luego pasar a las propuestas políticas a través de enjundiosos ensayos.

Bosch fue un consagrado a sus trabajos, no descuidó en lo absoluto ningún tema, ni en sus más mínimos detalles, a todos sus asuntos les imprimió esa vocación a la perfección que tanto le torturó y la idea de trascendencia a su era que veladamente dejó ver en algunos de sus escritos. Pero no había acabado todo allí. Una vida como la de Hostos - agrego yo - y como la de Juan Bosch, no se seca en un minuto, florece por los años de los años, inacabablemente. Mujeres en la vida de Hostos, Pág.76, Alfa y Omega, Santo Domingo, año 2000.

La carrera literaria de Juan Bosch sucumbió bien temprano ante la apasionante vocación por la política, entendida ésta en su más elevada dimensión, la de entrega sin límites al servicio de los demás, principalmente de aquellos despojados de todo tipo de fortuna.

Al cumplirse el primer centenario del nacimiento de Don Juan se ha organizado todo un programa de actividades en honor a su vida y obra fecunda, todas estas actividades resultarán insuficientes para valorar en su justo tamaño lo que hizo y propuso hacer este hijo de la Vega Real y del mundo, y no quiero lucir exagerado por cuanto fui uno de sus parciales desde que tuve conciencia de su reciedumbre y fortaleza moral pero, tampoco quiero resultar mezquino economizando elogios justos y merecidos.

Cada vez que compruebo el deslizamiento hacia el etiercolero por donde va precipitado el sistema de partidos en la República Dominicana, vuelvo a leer a Bosch, antídoto irrenunciable para la sanidad del accionar diario.

Bosch no es sólo un referente para el diario vivir dentro de la actividad política, es, ante todo, un refugio para las almas atormentadas por el padecimiento de los sentimientos primarios.

Hoy me recreo y gozo en esa parte humana que pocos han tratado sobre la vida de Bosch, la del amor carnal. El autor de Camino Real, La Mañosa , El Oro y La Paz , entre otras más, no escapó a las ráfagas huracanas del amor sensual. En la obra ya citada sobre las Mujeres en la Vida de Hostos, Bosch da riendas sueltas a las convicciones profundas sobre este inquietante sentimiento. Dice sobre el amor.

¿Qué por qué sospecho yo lo que no está dicho ni entre líneas?
Pues sencillamente porque el amor no se inventa ni se conoce por analogía. El que no haya vivido esa fiebre fascinante del primer amor, esa especie de delirio en que nos sume el descubrimiento de tanta pasión y de tanta vehemencia sexual en nosotros mismos no podrá describirlo jamás. Obra citada, Pág. 26.

La obra citada le permite a Bosch desmitificar a Hostos, a quien la mayoría conoce como al militante por la causa por la libertad de las Antillas y mejor aún, como el educador por antonomasia. Pero este ejercicio intelectual del autor de Luis Pié, que nos presenta al Inmortal Puertorriqueño como un hombre de carne y hueso, también nos deja ver a un Juan Bosch dándole la razón a Terencio, cuando dijo, nada humano me es ajeno. Si le tomamos la palabra a Don Juan cuando dice que el que no haya vivido esa fiebre fascinante del primer amor, esa especie de delirio…. no podrá describirlo jamás, convenimos, pues, en que él también experimentó esa pasión y vehemencia sexual que despierta el amor en nosotros mismos.

Y es que, hombres tan extraordinariamente sensibles como Hostos y como Juan Bosch no pudieron sustraerse e inmunizarse ante el virus del amor carnal, de la pasión sensual que domina y estimula buena parte de la conducta humana.

Poner en la superficie esta faceta de las vidas de Hostos o de Don Juan no les estorba en su paso hacia el Olimpo, donde sólo llegan a residir los inmortales, por el contrario, conocer estos detalles de sus vidas les hace acreedores de mayores y mejores calificaciones a la hora de evaluar sus pasos por esta dimensión.

Tanto Hostos como Juan Bosch encarnaron vidas llenas de sucesos extraordinarios, modelados por un ideal de bienestar para sus semejantes, en esos sueños y abastares discurrió su tiempo, sus vidas fueron existencias agitadas y tormentosas, figurarse tan sólo la creación de un mundo justo, lleno de paz y de progreso nos conduce a imaginar la presencia de almas en constantes estados de ebullición, estados que sólo el amor sensual pudo sosegar de a intervalos.

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